Comunicación, pieza clave contra la violencia familiar

Mitzy Espinosa de los Montero Álvarez*

Creo sin duda, que estos tiempos de cuarentena debido a la pandemia por el COVID-19 han provocado cambios en la vida de todos, en rutinas laborales, de casa, personales.

Te cuento, en mi caso, después de 5 años de no vivir en casa de mis papás, regresé, y ha sido de impacto. Soy un adulto joven, soltero, sin más compromiso que el trabajo y yo misma, con una rutina establecida que pocas veces, por la distancia, incluye a mi familia.

Definitivo regresar ¡fue un respiro!  Tengo un hermano que apenas alcanza la mayoría de edad y compartimos varias cosas. Ver a mi familia desayunar, comer y cenar juntos, como antes, me ayudó mucho los primeros días… pero después ¡la realidad!

Porque al regresar a casa, regresé a formar parte de la dinámica familiar donde: mamá es mamá no importa cuántos años tengas y en casa nadie, a pesar del trabajo, se desvela. También, en casa, por ejemplo, la televisión no es exclusiva: veremos el programa que a todos nos guste, nada de una serie especial porque es mi favorita y el tiempo de familia ¡intocable! Y así otras muchas cosas, que por la distancia hacía diferente, y que esta cuarentena, lograron que a mitad de la segunda semana dijera ¡alto! Y ellos lo mismo, no se acordaban como era vivir conmigo.

Esto es normal, cuando regresas pasan estas cosas, la familia se debe de acoplar al cambio y volver a funcionar como un solo sistema puede ser complicado, por ello debemos tomarlo con calma, de lo contrario es fácil caer en la violencia frente a las múltiples situaciones que se viven en casa.

La violencia es la puerta más rápida y mentirosa para salir de la crisis: gritar para imponerte, no escuchar al otro o incluso dejarle de hablar, evadir el tema. El problema de estas “soluciones” es que no solucionan nada, solo empeoran y aplazan la situación de crisis.

Pero ¡espera! regresemos ¿cómo que gritar o hacerle “la ley del hielo” a mi familia es violencia? La respuesta es sí, y es triste, porque es una práctica muy común que hace que estas actitudes pasen casi, casi desapercibidas.

A veces pensamos que violencia es llegar a los golpes y los “extremos” ¡eh! porque ya sabes lo que dicen “una nalgadita a tiempo puede ahorrar muchos disgustos”. Pero no, todo acto que atente contra la libertad, la dignidad y la vida de cualquier persona, es violencia. Y la violencia, lo sabemos, siempre genera más violencia. Este principio no lo debemos de olvidar.

Pongamos un ejemplo: ¿qué pasa comúnmente después de que una mamá le grita a su hijo(a) por no obedecer?  el niño(a) llora, y después como efecto dominó la mamá, que ya ha perdido el control, le ofende o incluso le pega, y así podríamos hacer una larga lista de los efectos que un solo grito genera y que nos muestra como la violencia va de menos a más en un instante.

La pregunta entonces es, ¿cómo afrontar las situaciones que vivimos a diario en familia en esta cuarentena? HABLANDO, PLATICANDO. La respuesta es sencilla, practicarla no te voy a mentir, es complicado, pero te garantiza un ambiente de paz y alegría en familia, y te da la oportunidad de crecer como persona y controlar tus emociones.

Si hay algo en familia que no nos gusta, que nos molesta o que incluso nos lastima, lo primero que debemos hacer es platicarlo. En casa todos deben tener la oportunidad de expresarse  y de ser escuchados. Tan válido es lo que siente papá como lo que siente el más pequeño de la casa.

Durante estos espacios de platica en familia, no culpes a nadie al momento de expresar tus sentimientos, si yo, por ejemplo, menciono que “todos son unos flojos porque no me ayudan con los quehaceres de la casa” lo único que provocaré es hacer sentir mal al otro y bloquear el canal de comunicación. La forma correcta de expresar nuestras emociones es expresarlas sin etiquetar al otro, por ejemplo: “cuando terminamos de comer y no me ayudan a recoger los platos me siento utilizada”. De esta forma la familia entenderá el sentimiento y lo respetará porque ha sido respetada.

Y podemos ir más allá pues no solo se trata de expresarnos y desahogarnos, también hay que proponer soluciones. Estas propuestas es recomendable hacerlas en equipo para estar todos de acuerdo y por tanto lograr que se cumplan.

Por último, te dejo un “salvavidas”: no somos perfectos y a veces este ejercicio de comunicación nos saldrá muy bien, pero otras ocasiones perderemos el control. Cuando esto último suceda, es necesario poner un alto en la conversación, dejar pasar al menos media hora para que todos se dispersen y el coraje “baje”. Es importante retomar el tema de preferencia el mismo día, para no olvidar la raíz del problema y resolverlo.

Respira profundo y recuerda que hoy más que nunca la familia debe ser el espacio donde cada persona que la integra pueda realizarse en plenitud, en un ambiente de libertad y amor.

 

* Mitzy Espinosa de los Monteros Álvarez, Licenciada en Ciencias de la Familia, comprometida con la persona, el matrimonio y la familia. Con el reto de anunciar la verdad.